ANGEL BALLESTEROS

15 años después del inicio de la invasión liderada por los Estados Unidos, regresamos a Iraq para comprobar las consecuencias de esta operación militar, que no solo ha provocado la destrucción del país sino que lo ha convertido en el principal foco de inestabilidad para todo Oriente Medio. Iraq vive una guerra casi permanente desde hace una década y media que deja ya cientos de miles de muertos y millones de personas refugiadas. La última gran batalla fue en Mosul contra el autodenominado Estado Islámico, una organización terrorista surgida al calor de la ocupación, y nada indica que su derrota militar vaya a suponer el final de la violencia. En Iraq persisten todos los ingredientes para que el país se siga desangrando: hay una gran división sectaria con numerosos grupos armados que ofrecen protección y sustento a una población torturada y empobrecida por la guerra. Y todo ello, porque los Estados Unidos querían controlar el petróleo de Iraq, y no dudaron en inventar falsos argumentos (la supuesta existencia de armas de destrucción masiva que nunca se encontraron) para invadir el país.

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