Xavier Aldekoa

En el idioma herero, Opuwo significa “el final”, un nombre bastante acertado para una de las poblaciones más remotas y salvajes de Namibia. Situada en el noroeste del país, es la capital de la región del Kaokoveld, un lugar de colinas áridas, aisladas, polvorientas. Tan solo una carretera llega hasta allí, una traqueteante pista como casi todas las de la región.

Llegar hasta esta ciudad sigue siendo hoy como llegar al final del camino. Opuwo sigue siendo un pueblo, tirando a grande, pero no mucho más que una agrupación de pequeñas casas redondas, tranquilo casi somnoliento, con solo un par de calles asfaltadas (parcialmente) y ninguna construcción de más de dos pisos… Eso sí, cuenta con tres ruidosos bares que por la noche atraen poderosamente a la población.

Lo cierto es que el pueblo no destaca en absoluto por su belleza. Pero el camino para llegar allí y, sobre todo, el que queda hasta la frontera angoleña delimitada por el río Kunene hacen que merezca la pena ir hasta este rincón del país. Y más si se tiene un mínimo interés por conocer a una de las etnias más especiales y llamativas del sur de África: los himba. Una etnia nómada que destaca por mantener su estilo de vida prácticamente intacto desde hace siglos, apenas alterado por la colonización europea, conocida por la peculiar protección que las mujeres y niños aplican a sus pieles, que las tiñe de rojo, al igual que su pelo. Es el llamado otjize.

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